Me viene a traer la vida florecillas amarillas. A mi encuentro llegan en multitud apabullante, desplazándose en el suave viento de mañanas soleadas y tardes mansas de soledad desoladas. Vuelan con sus alas de frágiles pétalos y así, diminutas y quebradizas, se sostienen como luminiscentes almas de nadie que acuden a mi pelo en desliñada guirnalda para adornar el gesto ténue de mi improvisada sonrisa.
Y a golpe de molesto viento inadvertido... Un pensamiento escondido cada una me recuerda, pues es su planeo perfumado el que me refresca la esperanza ávida de vida que albergo en mis enjambres de quietud despierta y celeridad dormida.











