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jueves, 27 de septiembre de 2007

¿Perderme? ...Tal vez

Puentedey (Burgos) - foto: E.G.


Tal vez… me pierda voluntariamente en la naturaleza y me enrede entre verdosa vegetación de frondosos bosques que lleven hacia el norte, allá donde El Camino se adivina y sus señales empiezan a ser visibles más allá del indicio humano.

A medio andar entre Las Merindades y Liébana, donde todo cobra un encanto especial, de aromas frescos y sanos. Lugar de valles y montes; de ríos, lagos y hondos cañones, donde antaño, a borbotones esculpía el agua surcos de tierra y bravas peñas. Allí donde los pozos son azules y las nubes llueven agua limpia cada poco sobre montañas hambrientas de vida. Donde la música es simplemente el viento que sopla en el oído del que sabe escuchar y callar a tiempo.

Tal vez... camine entre rocas que han visto pasar los siglos de forma impetuosa abriendo sendas, contándonos historias dormidas. Poderosas puertas del milenario inframundo cavernario, que atesora riachuelos de subterránea belleza y paredes de suculentas formas en inhibido y lento estado de gestación. Hermoso mundo el que subsiste bajo señoriales árboles, los cuales también dan cobijo a las entidades invisibles que custodian el orden natural de la Madre Tierra.

Entre paso y paso, tal vez… repose el cansancio en plena ruta románica, a los pies de algún templo repleto de signos ocultos en su piedra labrada a conciencia por antepasados que perpetuaron su vida de magia y búsqueda. Ojala beba el buen vino de una de esas posadas viejas y campechanas, que ofrezca buen queso curado a sus caminantes y algún rincón tranquilo al amparo de un fuego cálido y reconfortante donde poder seguir vislumbrando la huída requerida.

Proseguiré hacia el oeste, dejando atrás las agrestes colinas donde todavía trotan los asturcones en libertad. Tal vez llegue tan lejos como para poder hallar descanso en Santiago: lugar de peregrinos, santos y paganos. Cúspide de antagónicas culturas ancestrales que de leyendas compartidas fueron custodias. De hombres y mujeres comunes, que llenos de esperanza partían hacia tierras de júbilo espiritual.

Reposada y tranquila, tomaré e intentaré interpretar las enseñanzas simbólicas de "El Pórtico" y marcharé con cierto apremio, pues dicen que, realmente El Camino, no acaba hasta Fisterra: O fin do mundo, o fin da terra.

(Aún así, el verdadero camino está dentro de nosotros mismos. Tal vez, los caminos físicos, a menudo sean guías iniciáticas para buscar ese camino espiritual que todos anhelamos. Afortunado aquel que lo encuentre y sepa seguirlo con paciencia, sosiego, humildad, amor y sabiduría).

domingo, 16 de septiembre de 2007

Belleza rara, de flores raras

fotos: E.G.
Yo también busco de vez en cuando flores extrañas en lugares indómitos. Tal vez quiera conocer el misterio que las mantiene vivas sin ni siquiera alimento, lejos de casi todo lo establecido. De extraordinaria belleza, poco común. Puedes lanzar una leve mirada al infinito y verlas brillar, tranquilas, moviéndose con el viento agitado de una tarde de otoño.

Flores para no arrancar, no aptas para adornar lugares de inertes formas creados por la mano humana. Su lugar está donde la naturaleza dictamine, que con sus leyes sabiamente azarosas, nos va regalando bodegones de hermosa vida silvestre inamovible.

Sencillamente puedes admirarlas en su hábitat, olerlas, rozarlas, fotografiarlas con o sin objetivo y finalmente perderlas de vista tras tus pasos. No son propiedad de nadie. Son del sol cegador… que apunto está de abrasarlas, del aire… a veces poco oxigenado, de la brisa del mar embravecido, del cielo ventoso, de la tierra árida y seca, de las rocas austeras y erosionadas que… seguirán abrazando a sus generaciones venideras entre sus recovecos húmedos y cavernosos.

martes, 10 de julio de 2007

Buscando mi ausencia

Tengo a veces la sensación abrumadora de que sobro en instantes meramente indeterminados. De que mi tiempo perdura demasiado en el de los demás. No es mi culpa buscar mi ausencia en el silencio de mis palabras, que casi siempre suenan rimbombantes; campanilleando en los oídos de cualquiera. ¿Sería posible no darme cuenta de su ocasional renosancia afilada y desmedida? No quisiera perturbar sanos oyentes con mis frecuencias repetitivas y exaltadas.

En ocasiones siento nostalgia de mi paz muda, serena y callada. Y encuentro, en el ausentarme de mí misma, el refugio necesario.

miércoles, 6 de junio de 2007

S.I.G.L.A.S

foto: E.G.

Te aseguro que me siento frágil, como una gota de lluvia antes de estrellarse contra el suelo en plena tormenta. Etérea, viajera vagabunda; igual que un cuerpo astral primerizo, que recién despojado de su envoltorio corpóreo... vaga y se desconoce.

Perdida y pasajera; como una pequeña partícula de arena entre la agitada ventista desértica, vuelo de duna en duna cada noche. Inocente inconstante; pero cómplice al fin y al cabo de mi vulnerabilidad forzada entre agresivas ráfagas escultoras de tiempos y espacios. Entremezclo así mi cuerpo en multitudes, hasta que el torbellino giratorio me atrape de nuevo para llevarme donde su azar dictamine. Nada, nadie impide de nuevo mi viaje. Sólo la luz venidera de una mañana en calma, apacible y serena me hará recobrar la consciencia. Obro en consecuencia, y recojo los enseres de mi conciencia; ante la perseverancia acechante de otro viento loco de medianoche que... ya llega.

Quizá un aguacero repentino y fortuito me moje, me hiele, me apelmace y me convierta en rosa desértica. Un joven y temporal afluente podría también desplazarme hasta un lejano oasis, de aguas cristalinas y verdes palmeras; para reforzar sus raíces con mis minúsculas formas y mis desorientadas maneras. Exagerado sería ya evaporarme y pilotar una nube sin rumbo; para volver a ser llovida, con mi fragilidad inicial y sin mi espejo corpóreo. Rara, extraña y despojada de mi yo quieto... miraré hacia adelante. Es posible todo en este umbral evolutivo y reiteradamente metamorfósico. Reviviré pues en cualquiera de mis formas, como las siglas del tiempo, que con sus puntos minúsculos y sus mayúsculas letras escribirán de nuevo la historia venidera, incluso antes de ser dictada por los exaltados trazos de los acontecimientos.

martes, 15 de mayo de 2007

Prejuicios

foto: E.G.

Odio los prejuicios, y más cuando estos acaban siendo símbolo de entorpecedora perpetuidad en nuestras vidas. Son como piedras de cantos rodados que nos llenan de peso los bolsillos de la conciencia. Al fin y al cabo, debiera ser tan sólo cuestión de tiempo y experiencia ir desprendiéndonos de ellos de forma más o menos decisiva; por nuestro bien y el de la convivencia con nuestros semejantes, con nuestro día a día en una sociedad, que entre todos, nos va tocando hacerla más libre; más abierta, más sencilla, más compresiva, más sonriente, más consecuente, más fructífera, menos complicada y más equilibrada.

Algunos vamos ignorándolos casi inconscientemente, dejándolos caer por el camino, así de forma deliberada, indolora. Ni siquiera oficiamos una despedida. Y es que, sincera y llanamente, deseamos beber con apremio de las sabias enseñanzas que proceden su marcha, agradeciendo así su partida para mayor comprensión de nosotros mismos y nuestro alrededor.

También pueden volverse como diminutos fragmentos de arenisca, que acaban disolviéndose muy poco a poco en el transcurso de nuestro viaje y estancia, nuestros amores y desamores, nuestras amistades ganadas y perdidas, nuestros miedos, nuestros valores… y previsiones futuras. Y tal vez nos toque incluso esperar a que el poso de nuestra estabilidad se asiente y asimile nuestro nuevo estado de evolutiva consciencia.

Hay casos en los que es brusco el desengaño, de entre nuestros equivocados pensamientos erróneamente sólidos y nuestro floreciente espíritu de aceptación y crecimiento personal. Es entonces cuando los tiramos al mar; con gran decisión, convencida y concienzudamente felices; liberando sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos antaño atados a nuestros temores educacionales conservadores, a nuestra idea de seguir la corriente que nos marcan las modas; nuestro entorno, los medios acaparadores que nos contaminan y demás influencias poco convenientes.

Por supuesto, es un gran error arrojarlos en tejado ajeno para deshacernos de ellos; pero lamentablemente, sigo percibiendo esta práctica demasiado habitual y cercana. Y es que tal vez no sea ya cuestión de querer abandonarlos, sino de cómo hacerlo. Aunque en caso contrario, y ante la contrariedad necia e impetuosa de quererlos conservar, seamos capaces de reconocer y combatir con humildad los perjuicios que pueden propinarnos nuestros propios prejuicios y prejuiciados.

Yo no me he percatado si tengo el tejado demasiado lleno. Pero... ¿quién no ha escuchado repicar sobre su azotea algún leve chasquido sospechoso? Seguramente, antes de subir a echar un vistazo... vacíe mis bolsillos tranquilamente y me siente a sopesar lo que encuentre. Estoy segura de que acabaré aprendiendo algo de mí misma antes de que los demás me insinúen algo equivocado y viceversa.

miércoles, 18 de abril de 2007

Cuando éramos felices

Éramos felices juntos, dando patadas a un bote de refresco (o a cualquier cosa) hasta el colegio; para después terminar la mañana contando incluso los segundos que quedaban para que sonara el timbre y salir disparados. ¡Hasta la hora de comer nos daba para hacer alguna de nuestras fechorías! En tres horas volvíamos a las clases de la tarde; casi todas las recuerdo soleadas y cálidas. Pero a mí... A mí me gustaban las tardes de tormenta, era precioso ver caer las gotas de lluvia sobre aquellos cristales de ventanales tan enormes. Al salir de clase… lo mejor del día: juntarnos de nuevo para organizar la pandilla, gestar nuestros juegos peligrosos y husmear donde no debíamos.

Nos encantaba ir montaña arriba, no teníamos miedo a nada. Bueno, sí… ¡¡¡El jefe de la pandilla contraria tenía una puntería magnífica con el tirachinas!!! Siempre sabía cómo invadir nuestro territorio y sorprendernos, jeje. Éramos capaces de armar una “guerra” por un bocata de crema de cacao con avellanas. Aunque el compañerismo era lo que primaba en el barrio, sobre todo dentro de nuestros miembros. Entonces era difícil saber cuándo terminaba la amistad y dónde empezaba aquel sentimiento de compañerismo acérrimo y familiar que… raramente se da cuando creces. Éramos semejantes felizmente algo asilvestrados, niños y niñas de las afueras… del Barri de L’Estació.

Pero sí, era el verano nuestra más ansiada espera. Yo limpiaba mi bicicleta como una loca, hasta que relucía como si fuera nueva. Recuerdo nuestros primeros paseos por el barrio, algunos ni siquiera sabíamos pedalear sin aquellas peculiares ruedas de apoyo. Aunque los más rezagados, debíamos espabilarnos, si no queríamos ser el centro de las bromas de los más hábiles.

Hacíamos muchas excursiones a la playa en bici, porque nos encantaba ir a recoger almejas y cangrejos; pues entonces, metías la mano a unos dedos por debajo de la arena y ya pescabas simplemente en la orilla, justo donde rompían las olas. Al atardecer llegábamos a casa, cansados, llenos de salitre y seguramente algun@ traía las pinzas de algún cangrejo marcadas en alguna parte del cuerpo. Pero qué más daba... ¡¡¡llegaba la hora de saborear la cena lo antes posible!!!

Por la noche... improvisábamos un campamento montando las bicicletas en círculo mientras nuestras madres nos cocinaban la pesca de la tarde. Entre bocado y bocado, nos organizábamos cual consejo de viejos sabios.

Después de la cena, jugábamos al escondite con la tripa bien llena, para terminar la noche pasada la una de la madrugada molestando a algún vecino de bien, que simplemente pedía poder descansar de tanto griterío callejero.

En aquella barriada alejada de casi todo no teníamos muchas comodidades como los niñ@s del centro; pero desde allí se veía tan bien el mar... Y llegaba el viento de levante con mucha facilidad. Todo olía a flor de azahar en primavera y a pino verde desde mayo hasta septiembre.

Sí, la verdad es que éramos muy felices. Y felices debe hacernos ahora recordarlo, aunque sólo sea para no perder la memoria y ser conscientes de la suerte que tuvimos.

* para toda la pandilla del Barrio San Marcos, retoños de entre el 73 y el 80 *

miércoles, 3 de enero de 2007

Hoy, como ayer

foto: N.P.S


Hoy cualquier gesto lleva tu mirada. Tu nombre resuena más allá de nuestras mentes, de nuestras almas. Hasta el sol que brilla parece el mismo que el de aquel día en que te fuiste.

Hoy una mañana apacible... llena de tu recuerdo nos visita de nuevo; esta vez con el desaliento en calma, vacío de desconsuelo y de cualquier otro sentimiento perdido (...)

viernes, 10 de noviembre de 2006

A menudo, como siempre...

A menudo, me pregunto cuántas historias te dejaste por contarme, mujer de ojos inquietantes. Cuántas tardes de invierno me perdí a la orilla de tu cálido fuego. Tras tu puerta cerrada se quedaron bellos pasajes de mi niñez, mi adolescencia y juventud; siempre rodeada de sabios consejos y sosiego familiar. De tradiciones gastronómicas y festivas que repicaban casi todos los veranos y todas las Navidades en tus ventanas con rejas de antiguo hierro forjado.

Tu ausencia se vuelve ténue en cada recuerdo que llega en tu nombre, pues fueron tus manos secas y cansadas las que antaño surgieron tersas y fuertes para labrar parte de nuestro presente. Rememorar tu lucha a través de los años... nos hace sentirte cerca, velando por nosotros; como siempre.

martes, 20 de junio de 2006

Aletargada

¿Será el calor? No sé. Estoy en fase de aletargamiento, si es que el término existe; y si no pues ya está inventado. A lo mejor es que me estoy buscando a mí misma en una especie de mirada de reojo introspectiva, donde no es que pretenda mirar demasiado, por lo visto (...)

jueves, 1 de junio de 2006

Veredictos

Hoy nacerá una canción, si es que puedo plasmar así cuan poco dueños somos de nosotros mismos si nuestro destino se anuncia en el veredicto de otros. Y qué necesaria es esa certeza, que aunque de desolador desenlace, buscamos con ansia día y noche, incluso a través de nuestros sueños. Y así, formulamos preguntas sin respuesta y a su vez, respondemos con absurdas deducciones de desamparadas naturalezas... llenando vacíos, secando llantos, riendo penas.

Hoy es un día de gratos veredictos, que parece discernir de la húmeda lluvia que acecha ahí afuera. Parece una tarde triste y desconsolada; pero no lo es en absoluto. No, al menos a este lado de mi alma; donde cobran fuerza el ser, el sentir y el latir de las “cosas” importantes que mueven y promueven la complicada maquinaria de la vida que, afortunadamente, nos va tocando vivir.

jueves, 25 de mayo de 2006

Mis inquietos almamundos

foto: astromía

Se queman mis almamundos. Arden en deseos de crecer y expandirse; como un big bang de sentimientos desmenuzados en interminable espacio-tiempo. Como un todo en la nada viajo en mil pedazos, de adentro a fuera, a toda velocidad.

Voy más allá del universo paralelo conocido, atravesando otros almamundos, cruzando océanos de fuego y partículas sólidas. Otras, de gaseosas y luminiscentes formas, puedo desgarrarlas en este vuelo desenfrenado. Y en mi deseo inocuo de intercambiar energías… las hago mías cual nebulosa hambrienta.

Jamás me retraigo, ni siquiera miro atrás en mi afán de expansión. Trozos de mí quedan pegados a otros almamundos en el intento de continuar mi vuelo y pierdo fuerza; luz, ímpetu. Y así, como fundidos, mis retales se aferran a otros “yo” que también surcan este paisaje despedazados. Y repartidos casi en infinitos micro-estelares cuerpos... colisionamos una y otra vez, como primitivas galaxias recién nacidas; para volver a explotar algún día como brillantes y pletóricas supernovas.

miércoles, 3 de mayo de 2006

nuestra pacífica lucha compartida

Hoy volví a saber de ti. Hoy quisiera volver a verte. Quisiera darte un gran abrazo y charlar durante horas de nada y de todo. Cantarme algo contigo, al unísono, a dos voces, aunque fuera en disonante discordia armónica… y reírnos de la vida. Dar una tregua a nuestras labores de mortales soñadoras para inmortalizar nuestros sueños a golpe de poema cantado y extraños acordes casi inventados; de esos tuyos, de esos míos. Hoy volaría a tu encuentro sin pensármelo y compartiría mis alas contigo, si hiciera falta.

P.D.: tu lucha es la mía, la mía tuya... como bien dices.

jueves, 27 de abril de 2006

No se planea...

No se planea un amanecer; ni su sol certeramente sobre el horizonte, ni que su calor nos aporte luz también. No se espera su brisa si frente al mar nos aguarda, que simplemente nos llega, nos envuelve sin más y nos obliga a rozarla.

No se planea la lluvia, ni sus gotas perfectas; ni su debilidad, ni su palidez, ni su abrumante fuerza… Ni su imperante y sutil belleza ante determinadas formas de nuestra percepción de sensibilidad primaria.

No se planea un abrazo, ni un beso dado; que a saber de dónde vienen sus delicados, suculentos y adorados trazos. Misterioso apartado del ser dotado de vida, que va buscando su huída casi siempre acompañado de quien sepa dar… no todo, sino sólo lo que su fe de amar posea a buen recaudo.

No se planea una amistad duradera, que ella sólo espera seguir volando con las alas que le demos. Que no hay normas, ni huellas de paso firme al respecto… Cada una única es en reflejo e imagen, sin parecidos que empañen su impune sentido.

No se planea una noche de pasión apasionada en decisión. Ni siquiera una canción, ni un poema al alma abierto; que nos empapa de dudas y nos rompe el corazón al primer verso de cambio. No advertimos el agravio de un desconcierto nacido al alba, sin más consuelo que una mañana en calma.

No se planea el perder la cordura, ni el amarrarla siquiera. Ella no elige andadura, y… a saber qué sendas marca para poder retomarla.

No se planea una vida perfecta; que es “perfecto” perfectamente un término poco predecible; que con disfraz apacible y esperanzas vanas nos roba a menudo preciosas horas de luz espontánea.

No, no se planean la dicha ni la desdicha humana. Vienen solas, a veces… marchándose acompañadas.

martes, 4 de abril de 2006

Un cielo entero

foto: E.G.

Un cielo entero, al alcance de mi mano difusa y desdibujada. Que trae brumas y sueños colgados de nubes negras, que se disipan flotando; tan dueñas de todo, tan dueñas de nada. Paraíso de colores y abismo de incertidumbres; siempre de deseos protector y guardián de anhelos intocables que esperan ser encontrados, temerosos de perecer en la próxima tormenta.

Inmenso, requerido. Omnipresente, insistente en razones para seguir dejándose proteger a su amparo; viviendo bajo su única ley, que no es otra que la de existir siendo y sintiendo antes de partir hacia destinos seguramente, no del todo diferentes de su bello y alentador paisaje.

Estiro mis dedos y creo tocarlo. Casi como si llegara a tenerlo y en la plegaría de mi insistencia pudiera después retenerlo. Cierro el puño, de nuevo sin alcanzarlo, dándome cuenta de que nunca nada se tiene del todo, ni siquiera aquello que la naturaleza nos brinda y nos ofrece como necesario. Ni siquiera aquello que, de alma en alma, vida tras vida vamos buscando. Y curiosamente, no se encuentra lo buscado, sino lo que nos ofrece la encrucijada de caminos del destino caprichoso; a veces deseoso de darnos esquinazo en nuestro empeño de lógica y cuidadoso entendimiento planeado.

CIELO. Desconocido adorado. Tu inmensidad sobre mí; tu luz, si tardía me alumbra; tu llanto, temo. Tu noche, entre suspiros espero. En tu día creo, en tu sol sereno. Tu PRESENCIA ruego en mi, espero bienaventurado, paso de tiempo. Que ni rápido, ni demasiado lento; de alguna forma de tu regazo quiero beberlo. Saciarme jamás debiera de tus horas venideras; de tus atardeceres de vida llenos. Esperan mis inciertas ansias de nada y de todo ante ti, contemplando tus apaciguantes recodos; eternamente salvajes, pero siempre templada y serenamente civilizados.

En ocasiones... siento que es tu calma la que me abruma sutilmente en mis vislumbrantes sueños de sencillos y ocultos significados; cuando me duermo al abrigo de las suculentas formas de tus apetecibles algodones de azúcar, que me abrigan aún estando tan lejos y arropan mi desalentado aliento. Son tus mañanas y noches mías; las mías tuyas. Y entre certezas de absolutismos de políticas poco mundanas, saboreo tus tardes cálidas de brisas mansas, que tanto me inspiran, que tanto me dicen si callan labrando mis esperanzas de esperas mudas. (...)

E.G. - P.D.: Un escrito latente, viviente; como el propio cielo. Que crece casi como la llegada al punto de lo absurdo, que se aviva con cada palabra susurrada de cerca o de lejos... en mis oídos o en mis desconcertantes adentros. Que como el cosmos, viven en constante evolución, sin toma de decisión... simplemente creciendo.

miércoles, 15 de marzo de 2006

Felicidad de plástico

Felicidad de plástico. Noches en vela y días de sueño. Velas de noche y sueños de día. Canciones de amor olvidadas y amor olvidado en canciones. Intranquilidad dormida y soñolienta verdad despierta, de ofensivas maneras y sinceras formas.
Felicidad de plástico. Como juguete olvidado entre tanto recuerdo, que polvoriento, nos quita tiempo. Caótica monotonía de vulgaridad mundana, que satura nuestras almas de espacios vacíos y excesiva calma. Muchedumbre de quehaceres meramente importantes, entre lo conseguido y lo que nos queda en la palabra.
Felicidad de plástico. Como soledad forjada… en brazos de alguien. Intransigencia de gestos. Tacto de pieles familiarmente extrañas, que se alejan y se añoran en la abundancia. Dolor que deja de doler doliendo. Llantos que secan solos… y risas que duermen al amparo del mañana.
Felicidad de plástico. Silencio y quietud. Seriedad e indiferencia. Obligación y cansancio. Búsqueda y pérdida en plegarias de insistencia. Como "correr despacio" por campos de necesidad serena. Y el tiempo pasa, pasando el tiempo... como si nada, como si nada fuera.

domingo, 12 de marzo de 2006

Dos años

Hoy hace dos años que recibí tu llamada alentadora, anunciándote como afortunada prófuga de la siempre impensable barbarie humana. Tu voz entrecortada, temblorosa ante la incertidumbre del desconsuelo más atroz. Temerosa y huida de la nada y del todo. Golpe de paz y sosiego fueron para mí tus palabras entre la innombrable desdicha… esta vez no tan ajena. Inmensa tristeza entre la paradójica y magnífica alegría de “saberte bien”, respirando entre irrespirables aires de infernales motivos al otro lado del cercano horizonte.
Hoy sigo dando dolorosas, sufridas, sentidas, amadas y siempre respetuosas gracias, como las di entonces.

domingo, 26 de febrero de 2006

De mar y sueños

Hoy te soñé, tan risueño y rebelde como siempre. Reconozco que hace un tiempo que te evito, y es que ni el recuerdo más alentador ofrece darme cobijo y arrebatar causa y motivo de mi desconsuelo. Temo el recreo en el tiempo, porque tan poco fue el que te dediqué… que resiento lo que siento no haber sentido a tu lado. Las palabras no pronunciadas, la mano no tendida, la atención jamás prestada, los abrazos nunca dados… son ahora injustos jueces de mi conciencia; que aunque tranquila y serena, marcada por tu ausencia se rasga la envoltura de una paciente, sencilla e incluso, vulgar apariencia que… cree saber qué hacer, decir y sentir a ciencia cierta.

Juegos, sol, niñez, playa, fugaz adolescencia. Vieja juventud vivida, de cordura tal vez tardía. Norte perdido sin el sur como guía. Faro de luz fundida, de barco sin velas, ni ruta, ni partida siquiera. Nómada solitario, que a todas horas abres en el mar estría. Es tu viaje ahora otra constante, empeñada… y ya eterna huída. Tú timoneas, como estratega buscador sorteando turbulencias, esta vez lejos de los amarres que antaño te distraían de tus amadas carencias. ¡Ay, Soñador, que sigues soñando que sueñas, colándote en mis esferas de sosiego y mundana advertencia!

¿Sabes? Te quise, te quiero. ¿Qué más me guardé en mi retablo de egoísmo y desatino pasajero? Dime, cuenta, habla, contempla… muestra respuesta, que la requieren mis terrenales maneras. Abre esta noche la puerta y cuando llegues reposa la travesía, que pienso repicar al verte palmas de alegría. Te miraré de frente, dulce y tranquilamente; que ya nada te escondo, no puedo, no quiero... jamás pretendí hacerlo. A cambio, mi súplica: manda la paz que te sobra, que de sobra sabes que falta y se añora. Tu recompensa: risas en tu memoria. Amor como escapatoria a tanto verso llorado, soneto incierto… a menudo dolorido por tu desconcertante y repentino silencio.

sábado, 25 de febrero de 2006

Transparente

Tú, que estás leyendo. Tal vez esperas uno de mis escritos. Esperas que vuelva a mostrarme. Que mi mente se desplace hacia la tuya y te cuente lo incontable. No puedo, ya me conoces. Soy transparente; así... como soy, simplemente. No hay trasfondo. Clara y certera, como la noche que me espera. Hasta que mañana amanezca... seré la misma de ayer. No quiero ni puedo guardarme nada, que de nada me sirve si tú no lo saboreas. Te regalo lo que soy, y es que no soy nada sin nadie a la espera. Necesito de tod@s, incluso de ti, para darme y mostrarme. Gracias, me reaviva y reconforta tu sigilosa exigencia, llena de rincones inexplorables, al menos para mí. Me hace pensar en lo que no tengo, y en TODO lo que poseo. Es mucho, más de lo que esperaba en este ir y venir de dulce inconsciencia. Debe ser esta la riqueza de la cual hablan los pobres... ¡Qué rica pobreza la mía!

viernes, 3 de febrero de 2006

Perdí el tren...

Hoy perdí el tren. No, no es de nuevo este escrito ninguna perturbación poética de mi estado de consciencia. Simplemente es que se me escapó el cercanías esta mañana. Me lo tomé a risa :o)) Pues nada, miré y observé con mis ojos de vampira energética, que medio soñolientos y medio avispados… intentaban resurgir de entre la monotonía del ir y venir de la estación del norte.

Estudiantes y currantes; buscavidas con mochila; algún pobre "sin papeles" medio perdido; ancianos que piden compañía y conversan entre sí leyendo periódicos gratuitos. Compra, venta; mala publicidad repetitiva; algún despistado o desafiante de la ley antitabaco. Y… a la misma hora, gente trajeada perteneciente a extrañas sociedades que ofrecen regalo con trampa… ¿¡Eyyssssss, quienes son estos!?

Me siento pasivamente, me relajo y sigo observando a la gente que viaja. Unas personas van y vienen en un, relativamente corto trayecto, sumándose así al paisaje diario. Otras llegan de lejos, desembarcando solas, pensativas y calladas. Con sus equipajes a cuestas, como tirando de sus conciencias absortas de nada en concreto. Algunas llegan ansiosas de fundirse en interminables abrazos. Sonrisas, llantos… más abrazos. Besos, preguntas, guiños… gestos felices: “Gracias por venir, te eché de menos…” . - Es cierto: qué bonito, oye. -

De repente me he visto volviendo atrás en el tiempo y en la distancia. Con ganas de dar esos abrazos a cierta gente. Gente lejana, quién sabe por cuánto tiempo más. Gente amada, tan querida… Con la que tan poco hablo y a la que tanto necesito. Gente a la que no olvido. Gente por y para la cual escribo en ocasiones, reflexiva y siempre afectivamente. Gente que sigue siendo mi gente, a pesar de todo.

He rememorado también las veces que, desde un hipotético andén, "dejé escapar" a seres queridos que escogieron trayectos y destinos distintos al mío. Pero aunque nuestras miradas aún se crucen de vez en cuando desde cada una de las ventanillas de nuestros respectivos vagones y la distancia sea más sentimental que física… sigo buscándoles en mi motivada intención regresiva de recuperar de alguna forma lo perdido.

Sí, hoy me di cuenta de que… llevo perdiendo el tren demasiado tiempo. Y aunque algunos prefieran viajar siempre en primera, yo me conformo con ir disfrutando este viaje con aquell@s que, aunque no puedan compartir destino conmigo, saboreen junto a mí el trayecto momentáneo que la vida nos brinde al unísono. Siempre apasionadamente y sin pagar billete.

jueves, 2 de febrero de 2006

Te marchas, enero...

Ya te marchas, enero. Pionero noticiario de las alegrías y tristezas que me vendrá mandando el destino para el resto de este calendario. Pañuelo ya de muchos llantos. Paradoja de sonrisas que acabarán aliviando entre estas sombras mi carcelario letargo. Custodio de añoranzas y momentáneos recuerdos en lamentos fríos, tensos… tan callados.
Cumbre cuesta arriba y cuesta debajo de intenciones a corto plazo, impresas tal vez algunas... ya en papel mojado. Narrador de ilusiones renovadas. Visionario de cálidas sutilezas acariciadas de lejos, de cerca, incluso en sueños… Tú, de tentadoras miradas ermitaño guardián.
Mereces mi desencanto por tu cruel y osado afán de marcar con infortunio tu desaliñado acecho; y contrarrestar con versos la desdicha si te vas. Si me guardas esperanzas… quiero poderlas tocar, en cuanto te deje estar.