Llevo tiempo huyendo de las letras de mi conciencia. Yo, que basé antaño sobre fonemas inaudibles mis cimentos. Me desencuentro entre frenéticos caminos de existencia vana y efímera, mientras desentraño mi pena callada en la advertencia que mi silencio desata. Tímidamente te hablo y te cuento de mi alma... Te me doy en el sosiego que de mi calma mereces, aunque a veces, sea el tiempo contratiempo que entorpece este enredo de palabras.
Y hasta que por fin resuenen los guijarros del camino que amparen nuestro destino, articularé entre labios mis pasiones y desvelos. Que es tu oído mi paciente y cómplice carcelero, porque apacientas mis sueños amarrados y sedientos entre las brumas del viento del cielo de mis anhelos.






