Una mancha en nuestra mente, flujo de ideas calladas. Una huída momentánea; fugaz ida, vuelta parada. Un salto al todo, a la nada. Un instante de añoranza, donde volver a la infancia. Una travesía rara, para llegar a encontrarla. Un poema sin rima, ni versos, ni métrica marcada… de prosa minimizada. Música muda en palabras, una canción inventada. Pensamiento que me abraza, una tontería amada. Mis sueños, los tuyos… revueltos de madrugada. El cielo, el mar, la tierra, el agua… que se juntan en mi almohada.
martes, 2 de octubre de 2007
lunes, 1 de octubre de 2007
domingo, 30 de septiembre de 2007
me deshago
A veces me deshago en preguntas. En ocasiones aparecen casi sin importancia, pero ahí están… rondándome. Dicen que preguntarte mil cosas es al fin y al cabo estar viva. Ese afán de curiosidad diario, horario… que te asedia sin tú quererlo. Acabo cuestionándome una y otra vez si estoy en lo cierto o no. Pero a veces ese constante divagar me paraliza, me otorga el sentido inverso. Y mi mente calla, como inerte. Alguna especie de endorfina la enmudece y la calma. Recursos espontáneos que nuestro mecanismo natural incomprensible nos ofrece para salir del paso y seguir adelante.
insensata
A veces creo que puedo tocarlo todo. Maldita poetisa ensimismada... Menudas formas insensatas que te rondan. ¡Vete a saber dónde te llevaran tus sueños!
sábado, 29 de septiembre de 2007
"parajodas" de un mundo raro
Guerras por la paz - Muerte de inocentes
Jueces corruptos - Asesinos impunes
Leyes quietas - Democracia perdida
Políticos sin ética - Política apocalíptica
Políticos sin ética - Política apocalíptica
Abogados del diablo - Diablos a salvo
Militares franquistas - Franquistas militando
Homofobia vigente - Cerebros podridos
Publicidad excesiva - Mentes en blanco
Propaganda escondida - Delito subliminal
Ecología moderada - Contaminación agresiva
Animales maltratados - Humanos crueles
Familias sin hogar - Hogares vacíos
Niños sin infancia - Adultos enfermos
Homofobia vigente - Cerebros podridos
Publicidad excesiva - Mentes en blanco
Propaganda escondida - Delito subliminal
Ecología moderada - Contaminación agresiva
Animales maltratados - Humanos crueles
Familias sin hogar - Hogares vacíos
Niños sin infancia - Adultos enfermos
Mujeres vejadas - Hombres frustrados
Penas con muerte - Inocentes muertos
Penas con muerte - Inocentes muertos
viernes, 28 de septiembre de 2007
cosas del querer... o no querer
Querer o no querer: a veces esa parece la única cuestión, aunque nos empeñemos en negarlo. El género humano somos tan jodidamente complejo… que para nosotros todo es relativo. Tal vez nos escondamos de lo sencillo, y acudamos a la respuesta complicada de la teoría de la relatividad; que segura estoy que nadie sabe a ciencia cierta qué significa y cómo se debe aplicar a lo cotidiano. Bueno, igual la cuestión en sí se salga de eso, de lo monótonamente cotidiano y… ya no sepamos muy bien de qué, de quién estamos hablando y la acabemos liando pero bien.
Sería honrado reconocer que… Puede ser que todo se base más bien en el egoísmo y la inmadurez reincidente que algunos seres imperfectos vamos paseando por ahí. Siempre acabamos salpicando a los demás; a menudo a la gente que más queremos. Claro, nos excusamos así. Suena asqueroso e hipócrita: excusarse. Sin darnos cuenta, un guiño aquí y otro allá, nos ganamos la compasión de nuestras víctimas y acaban ellos mismos siendo cómplices de nuestros vanos logros.
Ya. Es increíble ver como todo se mueve, lento o rápido. Como somos a veces incapaces de pillar el ritmo justo a los cambios, sean cuales sean. Queramos o no es lo que ocurre, todo se mueve, todo va y viene. Y a veces nos gustaría quedarnos parados y que la corriente nos llevara, para eludir responsabilidades y lumbalgias incesarias.
Sería honrado reconocer que… Puede ser que todo se base más bien en el egoísmo y la inmadurez reincidente que algunos seres imperfectos vamos paseando por ahí. Siempre acabamos salpicando a los demás; a menudo a la gente que más queremos. Claro, nos excusamos así. Suena asqueroso e hipócrita: excusarse. Sin darnos cuenta, un guiño aquí y otro allá, nos ganamos la compasión de nuestras víctimas y acaban ellos mismos siendo cómplices de nuestros vanos logros.
Ya. Es increíble ver como todo se mueve, lento o rápido. Como somos a veces incapaces de pillar el ritmo justo a los cambios, sean cuales sean. Queramos o no es lo que ocurre, todo se mueve, todo va y viene. Y a veces nos gustaría quedarnos parados y que la corriente nos llevara, para eludir responsabilidades y lumbalgias incesarias.
jueves, 27 de septiembre de 2007
mis vertidos invertidos
Creo sinceramente que todos necesitamos un vertedero de anécdotas cotidianas. Un lugar donde dejar los sinsabores del día a día. Un rincón físico o hipotético donde poder estallar tipo big bang y dejar nuestra mierda. Donde ponga claramente: "el contenido de este apartado podría herir su sensibilidad". Un apartado aparte, vamos. Un sitio para hacer ciertas necesidades verbalmente necias, algo locas... pero con clase y cierta poesía, eso también.Espero no dejar mucho desperdicio inútil por aquí, que al menos me sirvan para aprender algo. No estaría mal.
¿Perderme? ...Tal vez
Puentedey (Burgos) - foto: E.G.Tal vez… me pierda voluntariamente en la naturaleza y me enrede entre verdosa vegetación de frondosos bosques que lleven hacia el norte, allá donde El Camino se adivina y sus señales empiezan a ser visibles más allá del indicio humano.
A medio andar entre Las Merindades y Liébana, donde todo cobra un encanto especial, de aromas frescos y sanos. Lugar de valles y montes; de ríos, lagos y hondos cañones, donde antaño, a borbotones esculpía el agua surcos de tierra y bravas peñas. Allí donde los pozos son azules y las nubes llueven agua limpia cada poco sobre montañas hambrientas de vida. Donde la música es simplemente el viento que sopla en el oído del que sabe escuchar y callar a tiempo.
Tal vez... camine entre rocas que han visto pasar los siglos de forma impetuosa abriendo sendas, contándonos historias dormidas. Poderosas puertas del milenario inframundo cavernario, que atesora riachuelos de subterránea belleza y paredes de suculentas formas en inhibido y lento estado de gestación. Hermoso mundo el que subsiste bajo señoriales árboles, los cuales también dan cobijo a las entidades invisibles que custodian el orden natural de la Madre Tierra.
Entre paso y paso, tal vez… repose el cansancio en plena ruta románica, a los pies de algún templo repleto de signos ocultos en su piedra labrada a conciencia por antepasados que perpetuaron su vida de magia y búsqueda. Ojala beba el buen vino de una de esas posadas viejas y campechanas, que ofrezca buen queso curado a sus caminantes y algún rincón tranquilo al amparo de un fuego cálido y reconfortante donde poder seguir vislumbrando la huída requerida.
Proseguiré hacia el oeste, dejando atrás las agrestes colinas donde todavía trotan los asturcones en libertad. Tal vez llegue tan lejos como para poder hallar descanso en Santiago: lugar de peregrinos, santos y paganos. Cúspide de antagónicas culturas ancestrales que de leyendas compartidas fueron custodias. De hombres y mujeres comunes, que llenos de esperanza partían hacia tierras de júbilo espiritual.
Reposada y tranquila, tomaré e intentaré interpretar las enseñanzas simbólicas de "El Pórtico" y marcharé con cierto apremio, pues dicen que, realmente El Camino, no acaba hasta Fisterra: O fin do mundo, o fin da terra.
(Aún así, el verdadero camino está dentro de nosotros mismos. Tal vez, los caminos físicos, a menudo sean guías iniciáticas para buscar ese camino espiritual que todos anhelamos. Afortunado aquel que lo encuentre y sepa seguirlo con paciencia, sosiego, humildad, amor y sabiduría).
A medio andar entre Las Merindades y Liébana, donde todo cobra un encanto especial, de aromas frescos y sanos. Lugar de valles y montes; de ríos, lagos y hondos cañones, donde antaño, a borbotones esculpía el agua surcos de tierra y bravas peñas. Allí donde los pozos son azules y las nubes llueven agua limpia cada poco sobre montañas hambrientas de vida. Donde la música es simplemente el viento que sopla en el oído del que sabe escuchar y callar a tiempo.
Tal vez... camine entre rocas que han visto pasar los siglos de forma impetuosa abriendo sendas, contándonos historias dormidas. Poderosas puertas del milenario inframundo cavernario, que atesora riachuelos de subterránea belleza y paredes de suculentas formas en inhibido y lento estado de gestación. Hermoso mundo el que subsiste bajo señoriales árboles, los cuales también dan cobijo a las entidades invisibles que custodian el orden natural de la Madre Tierra.
Entre paso y paso, tal vez… repose el cansancio en plena ruta románica, a los pies de algún templo repleto de signos ocultos en su piedra labrada a conciencia por antepasados que perpetuaron su vida de magia y búsqueda. Ojala beba el buen vino de una de esas posadas viejas y campechanas, que ofrezca buen queso curado a sus caminantes y algún rincón tranquilo al amparo de un fuego cálido y reconfortante donde poder seguir vislumbrando la huída requerida.
Proseguiré hacia el oeste, dejando atrás las agrestes colinas donde todavía trotan los asturcones en libertad. Tal vez llegue tan lejos como para poder hallar descanso en Santiago: lugar de peregrinos, santos y paganos. Cúspide de antagónicas culturas ancestrales que de leyendas compartidas fueron custodias. De hombres y mujeres comunes, que llenos de esperanza partían hacia tierras de júbilo espiritual.
Reposada y tranquila, tomaré e intentaré interpretar las enseñanzas simbólicas de "El Pórtico" y marcharé con cierto apremio, pues dicen que, realmente El Camino, no acaba hasta Fisterra: O fin do mundo, o fin da terra.
(Aún así, el verdadero camino está dentro de nosotros mismos. Tal vez, los caminos físicos, a menudo sean guías iniciáticas para buscar ese camino espiritual que todos anhelamos. Afortunado aquel que lo encuentre y sepa seguirlo con paciencia, sosiego, humildad, amor y sabiduría).
domingo, 16 de septiembre de 2007
Belleza rara, de flores raras



fotos: E.G.
Yo también busco de vez en cuando flores extrañas en lugares indómitos. Tal vez quiera conocer el misterio que las mantiene vivas sin ni siquiera alimento, lejos de casi todo lo establecido. De extraordinaria belleza, poco común. Puedes lanzar una leve mirada al infinito y verlas brillar, tranquilas, moviéndose con el viento agitado de una tarde de otoño.
Flores para no arrancar, no aptas para adornar lugares de inertes formas creados por la mano humana. Su lugar está donde la naturaleza dictamine, que con sus leyes sabiamente azarosas, nos va regalando bodegones de hermosa vida silvestre inamovible.
Flores para no arrancar, no aptas para adornar lugares de inertes formas creados por la mano humana. Su lugar está donde la naturaleza dictamine, que con sus leyes sabiamente azarosas, nos va regalando bodegones de hermosa vida silvestre inamovible.
Sencillamente puedes admirarlas en su hábitat, olerlas, rozarlas, fotografiarlas con o sin objetivo y finalmente perderlas de vista tras tus pasos. No son propiedad de nadie. Son del sol cegador… que apunto está de abrasarlas, del aire… a veces poco oxigenado, de la brisa del mar embravecido, del cielo ventoso, de la tierra árida y seca, de las rocas austeras y erosionadas que… seguirán abrazando a sus generaciones venideras entre sus recovecos húmedos y cavernosos.
martes, 10 de julio de 2007
Buscando mi ausencia
Tengo a veces la sensación abrumadora de que sobro en instantes meramente indeterminados. De que mi tiempo perdura demasiado en el de los demás. No es mi culpa buscar mi ausencia en el silencio de mis palabras, que casi siempre suenan rimbombantes; campanilleando en los oídos de cualquiera. ¿Sería posible no darme cuenta de su ocasional renosancia afilada y desmedida? No quisiera perturbar sanos oyentes con mis frecuencias repetitivas y exaltadas.
En ocasiones siento nostalgia de mi paz muda, serena y callada. Y encuentro, en el ausentarme de mí misma, el refugio necesario.
En ocasiones siento nostalgia de mi paz muda, serena y callada. Y encuentro, en el ausentarme de mí misma, el refugio necesario.
miércoles, 6 de junio de 2007
S.I.G.L.A.S
foto: E.G.Te aseguro que me siento frágil, como una gota de lluvia antes de estrellarse contra el suelo en plena tormenta. Etérea, viajera vagabunda; igual que un cuerpo astral primerizo, que recién despojado de su envoltorio corpóreo... vaga y se desconoce.
Perdida y pasajera; como una pequeña partícula de arena entre la agitada ventista desértica, vuelo de duna en duna cada noche. Inocente inconstante; pero cómplice al fin y al cabo de mi vulnerabilidad forzada entre agresivas ráfagas escultoras de tiempos y espacios. Entremezclo así mi cuerpo en multitudes, hasta que el torbellino giratorio me atrape de nuevo para llevarme donde su azar dictamine. Nada, nadie impide de nuevo mi viaje. Sólo la luz venidera de una mañana en calma, apacible y serena me hará recobrar la consciencia. Obro en consecuencia, y recojo los enseres de mi conciencia; ante la perseverancia acechante de otro viento loco de medianoche que... ya llega.
Quizá un aguacero repentino y fortuito me moje, me hiele, me apelmace y me convierta en rosa desértica. Un joven y temporal afluente podría también desplazarme hasta un lejano oasis, de aguas cristalinas y verdes palmeras; para reforzar sus raíces con mis minúsculas formas y mis desorientadas maneras. Exagerado sería ya evaporarme y pilotar una nube sin rumbo; para volver a ser llovida, con mi fragilidad inicial y sin mi espejo corpóreo. Rara, extraña y despojada de mi yo quieto... miraré hacia adelante. Es posible todo en este umbral evolutivo y reiteradamente metamorfósico. Reviviré pues en cualquiera de mis formas, como las siglas del tiempo, que con sus puntos minúsculos y sus mayúsculas letras escribirán de nuevo la historia venidera, incluso antes de ser dictada por los exaltados trazos de los acontecimientos.
Perdida y pasajera; como una pequeña partícula de arena entre la agitada ventista desértica, vuelo de duna en duna cada noche. Inocente inconstante; pero cómplice al fin y al cabo de mi vulnerabilidad forzada entre agresivas ráfagas escultoras de tiempos y espacios. Entremezclo así mi cuerpo en multitudes, hasta que el torbellino giratorio me atrape de nuevo para llevarme donde su azar dictamine. Nada, nadie impide de nuevo mi viaje. Sólo la luz venidera de una mañana en calma, apacible y serena me hará recobrar la consciencia. Obro en consecuencia, y recojo los enseres de mi conciencia; ante la perseverancia acechante de otro viento loco de medianoche que... ya llega.
Quizá un aguacero repentino y fortuito me moje, me hiele, me apelmace y me convierta en rosa desértica. Un joven y temporal afluente podría también desplazarme hasta un lejano oasis, de aguas cristalinas y verdes palmeras; para reforzar sus raíces con mis minúsculas formas y mis desorientadas maneras. Exagerado sería ya evaporarme y pilotar una nube sin rumbo; para volver a ser llovida, con mi fragilidad inicial y sin mi espejo corpóreo. Rara, extraña y despojada de mi yo quieto... miraré hacia adelante. Es posible todo en este umbral evolutivo y reiteradamente metamorfósico. Reviviré pues en cualquiera de mis formas, como las siglas del tiempo, que con sus puntos minúsculos y sus mayúsculas letras escribirán de nuevo la historia venidera, incluso antes de ser dictada por los exaltados trazos de los acontecimientos.
martes, 15 de mayo de 2007
Prejuicios
foto: E.G.Odio los prejuicios, y más cuando estos acaban siendo símbolo de entorpecedora perpetuidad en nuestras vidas. Son como piedras de cantos rodados que nos llenan de peso los bolsillos de la conciencia. Al fin y al cabo, debiera ser tan sólo cuestión de tiempo y experiencia ir desprendiéndonos de ellos de forma más o menos decisiva; por nuestro bien y el de la convivencia con nuestros semejantes, con nuestro día a día en una sociedad, que entre todos, nos va tocando hacerla más libre; más abierta, más sencilla, más compresiva, más sonriente, más consecuente, más fructífera, menos complicada y más equilibrada.
Algunos vamos ignorándolos casi inconscientemente, dejándolos caer por el camino, así de forma deliberada, indolora. Ni siquiera oficiamos una despedida. Y es que, sincera y llanamente, deseamos beber con apremio de las sabias enseñanzas que proceden su marcha, agradeciendo así su partida para mayor comprensión de nosotros mismos y nuestro alrededor.
También pueden volverse como diminutos fragmentos de arenisca, que acaban disolviéndose muy poco a poco en el transcurso de nuestro viaje y estancia, nuestros amores y desamores, nuestras amistades ganadas y perdidas, nuestros miedos, nuestros valores… y previsiones futuras. Y tal vez nos toque incluso esperar a que el poso de nuestra estabilidad se asiente y asimile nuestro nuevo estado de evolutiva consciencia.
Hay casos en los que es brusco el desengaño, de entre nuestros equivocados pensamientos erróneamente sólidos y nuestro floreciente espíritu de aceptación y crecimiento personal. Es entonces cuando los tiramos al mar; con gran decisión, convencida y concienzudamente felices; liberando sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos antaño atados a nuestros temores educacionales conservadores, a nuestra idea de seguir la corriente que nos marcan las modas; nuestro entorno, los medios acaparadores que nos contaminan y demás influencias poco convenientes.
Por supuesto, es un gran error arrojarlos en tejado ajeno para deshacernos de ellos; pero lamentablemente, sigo percibiendo esta práctica demasiado habitual y cercana. Y es que tal vez no sea ya cuestión de querer abandonarlos, sino de cómo hacerlo. Aunque en caso contrario, y ante la contrariedad necia e impetuosa de quererlos conservar, seamos capaces de reconocer y combatir con humildad los perjuicios que pueden propinarnos nuestros propios prejuicios y prejuiciados.
Yo no me he percatado si tengo el tejado demasiado lleno. Pero... ¿quién no ha escuchado repicar sobre su azotea algún leve chasquido sospechoso? Seguramente, antes de subir a echar un vistazo... vacíe mis bolsillos tranquilamente y me siente a sopesar lo que encuentre. Estoy segura de que acabaré aprendiendo algo de mí misma antes de que los demás me insinúen algo equivocado y viceversa.
Algunos vamos ignorándolos casi inconscientemente, dejándolos caer por el camino, así de forma deliberada, indolora. Ni siquiera oficiamos una despedida. Y es que, sincera y llanamente, deseamos beber con apremio de las sabias enseñanzas que proceden su marcha, agradeciendo así su partida para mayor comprensión de nosotros mismos y nuestro alrededor.
También pueden volverse como diminutos fragmentos de arenisca, que acaban disolviéndose muy poco a poco en el transcurso de nuestro viaje y estancia, nuestros amores y desamores, nuestras amistades ganadas y perdidas, nuestros miedos, nuestros valores… y previsiones futuras. Y tal vez nos toque incluso esperar a que el poso de nuestra estabilidad se asiente y asimile nuestro nuevo estado de evolutiva consciencia.
Hay casos en los que es brusco el desengaño, de entre nuestros equivocados pensamientos erróneamente sólidos y nuestro floreciente espíritu de aceptación y crecimiento personal. Es entonces cuando los tiramos al mar; con gran decisión, convencida y concienzudamente felices; liberando sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos antaño atados a nuestros temores educacionales conservadores, a nuestra idea de seguir la corriente que nos marcan las modas; nuestro entorno, los medios acaparadores que nos contaminan y demás influencias poco convenientes.
Por supuesto, es un gran error arrojarlos en tejado ajeno para deshacernos de ellos; pero lamentablemente, sigo percibiendo esta práctica demasiado habitual y cercana. Y es que tal vez no sea ya cuestión de querer abandonarlos, sino de cómo hacerlo. Aunque en caso contrario, y ante la contrariedad necia e impetuosa de quererlos conservar, seamos capaces de reconocer y combatir con humildad los perjuicios que pueden propinarnos nuestros propios prejuicios y prejuiciados.
Yo no me he percatado si tengo el tejado demasiado lleno. Pero... ¿quién no ha escuchado repicar sobre su azotea algún leve chasquido sospechoso? Seguramente, antes de subir a echar un vistazo... vacíe mis bolsillos tranquilamente y me siente a sopesar lo que encuentre. Estoy segura de que acabaré aprendiendo algo de mí misma antes de que los demás me insinúen algo equivocado y viceversa.
miércoles, 18 de abril de 2007
Cuando éramos felices
Éramos felices juntos, dando patadas a un bote de refresco (o a cualquier cosa) hasta el colegio; para después terminar la mañana contando incluso los segundos que quedaban para que sonara el timbre y salir disparados. ¡Hasta la hora de comer nos daba para hacer alguna de nuestras fechorías! En tres horas volvíamos a las clases de la tarde; casi todas las recuerdo soleadas y cálidas. Pero a mí... A mí me gustaban las tardes de tormenta, era precioso ver caer las gotas de lluvia sobre aquellos cristales de ventanales tan enormes. Al salir de clase… lo mejor del día: juntarnos de nuevo para organizar la pandilla, gestar nuestros juegos peligrosos y husmear donde no debíamos.
Nos encantaba ir montaña arriba, no teníamos miedo a nada. Bueno, sí… ¡¡¡El jefe de la pandilla contraria tenía una puntería magnífica con el tirachinas!!! Siempre sabía cómo invadir nuestro territorio y sorprendernos, jeje. Éramos capaces de armar una “guerra” por un bocata de crema de cacao con avellanas. Aunque el compañerismo era lo que primaba en el barrio, sobre todo dentro de nuestros miembros. Entonces era difícil saber cuándo terminaba la amistad y dónde empezaba aquel sentimiento de compañerismo acérrimo y familiar que… raramente se da cuando creces. Éramos semejantes felizmente algo asilvestrados, niños y niñas de las afueras… del Barri de L’Estació.
Pero sí, era el verano nuestra más ansiada espera. Yo limpiaba mi bicicleta como una loca, hasta que relucía como si fuera nueva. Recuerdo nuestros primeros paseos por el barrio, algunos ni siquiera sabíamos pedalear sin aquellas peculiares ruedas de apoyo. Aunque los más rezagados, debíamos espabilarnos, si no queríamos ser el centro de las bromas de los más hábiles.
Hacíamos muchas excursiones a la playa en bici, porque nos encantaba ir a recoger almejas y cangrejos; pues entonces, metías la mano a unos dedos por debajo de la arena y ya pescabas simplemente en la orilla, justo donde rompían las olas. Al atardecer llegábamos a casa, cansados, llenos de salitre y seguramente algun@ traía las pinzas de algún cangrejo marcadas en alguna parte del cuerpo. Pero qué más daba... ¡¡¡llegaba la hora de saborear la cena lo antes posible!!!
Por la noche... improvisábamos un campamento montando las bicicletas en círculo mientras nuestras madres nos cocinaban la pesca de la tarde. Entre bocado y bocado, nos organizábamos cual consejo de viejos sabios.
Después de la cena, jugábamos al escondite con la tripa bien llena, para terminar la noche pasada la una de la madrugada molestando a algún vecino de bien, que simplemente pedía poder descansar de tanto griterío callejero.
En aquella barriada alejada de casi todo no teníamos muchas comodidades como los niñ@s del centro; pero desde allí se veía tan bien el mar... Y llegaba el viento de levante con mucha facilidad. Todo olía a flor de azahar en primavera y a pino verde desde mayo hasta septiembre.
Sí, la verdad es que éramos muy felices. Y felices debe hacernos ahora recordarlo, aunque sólo sea para no perder la memoria y ser conscientes de la suerte que tuvimos.
* para toda la pandilla del Barrio San Marcos, retoños de entre el 73 y el 80 *
Nos encantaba ir montaña arriba, no teníamos miedo a nada. Bueno, sí… ¡¡¡El jefe de la pandilla contraria tenía una puntería magnífica con el tirachinas!!! Siempre sabía cómo invadir nuestro territorio y sorprendernos, jeje. Éramos capaces de armar una “guerra” por un bocata de crema de cacao con avellanas. Aunque el compañerismo era lo que primaba en el barrio, sobre todo dentro de nuestros miembros. Entonces era difícil saber cuándo terminaba la amistad y dónde empezaba aquel sentimiento de compañerismo acérrimo y familiar que… raramente se da cuando creces. Éramos semejantes felizmente algo asilvestrados, niños y niñas de las afueras… del Barri de L’Estació.
Pero sí, era el verano nuestra más ansiada espera. Yo limpiaba mi bicicleta como una loca, hasta que relucía como si fuera nueva. Recuerdo nuestros primeros paseos por el barrio, algunos ni siquiera sabíamos pedalear sin aquellas peculiares ruedas de apoyo. Aunque los más rezagados, debíamos espabilarnos, si no queríamos ser el centro de las bromas de los más hábiles.
Hacíamos muchas excursiones a la playa en bici, porque nos encantaba ir a recoger almejas y cangrejos; pues entonces, metías la mano a unos dedos por debajo de la arena y ya pescabas simplemente en la orilla, justo donde rompían las olas. Al atardecer llegábamos a casa, cansados, llenos de salitre y seguramente algun@ traía las pinzas de algún cangrejo marcadas en alguna parte del cuerpo. Pero qué más daba... ¡¡¡llegaba la hora de saborear la cena lo antes posible!!!
Por la noche... improvisábamos un campamento montando las bicicletas en círculo mientras nuestras madres nos cocinaban la pesca de la tarde. Entre bocado y bocado, nos organizábamos cual consejo de viejos sabios.
Después de la cena, jugábamos al escondite con la tripa bien llena, para terminar la noche pasada la una de la madrugada molestando a algún vecino de bien, que simplemente pedía poder descansar de tanto griterío callejero.
En aquella barriada alejada de casi todo no teníamos muchas comodidades como los niñ@s del centro; pero desde allí se veía tan bien el mar... Y llegaba el viento de levante con mucha facilidad. Todo olía a flor de azahar en primavera y a pino verde desde mayo hasta septiembre.
Sí, la verdad es que éramos muy felices. Y felices debe hacernos ahora recordarlo, aunque sólo sea para no perder la memoria y ser conscientes de la suerte que tuvimos.
* para toda la pandilla del Barrio San Marcos, retoños de entre el 73 y el 80 *
miércoles, 3 de enero de 2007
Hoy, como ayer
foto: N.P.SHoy cualquier gesto lleva tu mirada. Tu nombre resuena más allá de nuestras mentes, de nuestras almas. Hasta el sol que brilla parece el mismo que el de aquel día en que te fuiste.
Hoy una mañana apacible... llena de tu recuerdo nos visita de nuevo; esta vez con el desaliento en calma, vacío de desconsuelo y de cualquier otro sentimiento perdido (...)
Hoy una mañana apacible... llena de tu recuerdo nos visita de nuevo; esta vez con el desaliento en calma, vacío de desconsuelo y de cualquier otro sentimiento perdido (...)
viernes, 10 de noviembre de 2006
A menudo, como siempre...
A menudo, me pregunto cuántas historias te dejaste por contarme, mujer de ojos inquietantes. Cuántas tardes de invierno me perdí a la orilla de tu cálido fuego. Tras tu puerta cerrada se quedaron bellos pasajes de mi niñez, mi adolescencia y juventud; siempre rodeada de sabios consejos y sosiego familiar. De tradiciones gastronómicas y festivas que repicaban casi todos los veranos y todas las Navidades en tus ventanas con rejas de antiguo hierro forjado.
Tu ausencia se vuelve ténue en cada recuerdo que llega en tu nombre, pues fueron tus manos secas y cansadas las que antaño surgieron tersas y fuertes para labrar parte de nuestro presente. Rememorar tu lucha a través de los años... nos hace sentirte cerca, velando por nosotros; como siempre.
Tu ausencia se vuelve ténue en cada recuerdo que llega en tu nombre, pues fueron tus manos secas y cansadas las que antaño surgieron tersas y fuertes para labrar parte de nuestro presente. Rememorar tu lucha a través de los años... nos hace sentirte cerca, velando por nosotros; como siempre.
martes, 20 de junio de 2006
Aletargada
¿Será el calor? No sé. Estoy en fase de aletargamiento, si es que el término existe; y si no pues ya está inventado. A lo mejor es que me estoy buscando a mí misma en una especie de mirada de reojo introspectiva, donde no es que pretenda mirar demasiado, por lo visto (...)
jueves, 1 de junio de 2006
Veredictos
Hoy nacerá una canción, si es que puedo plasmar así cuan poco dueños somos de nosotros mismos si nuestro destino se anuncia en el veredicto de otros. Y qué necesaria es esa certeza, que aunque de desolador desenlace, buscamos con ansia día y noche, incluso a través de nuestros sueños. Y así, formulamos preguntas sin respuesta y a su vez, respondemos con absurdas deducciones de desamparadas naturalezas... llenando vacíos, secando llantos, riendo penas.
Hoy es un día de gratos veredictos, que parece discernir de la húmeda lluvia que acecha ahí afuera. Parece una tarde triste y desconsolada; pero no lo es en absoluto. No, al menos a este lado de mi alma; donde cobran fuerza el ser, el sentir y el latir de las “cosas” importantes que mueven y promueven la complicada maquinaria de la vida que, afortunadamente, nos va tocando vivir.
Hoy es un día de gratos veredictos, que parece discernir de la húmeda lluvia que acecha ahí afuera. Parece una tarde triste y desconsolada; pero no lo es en absoluto. No, al menos a este lado de mi alma; donde cobran fuerza el ser, el sentir y el latir de las “cosas” importantes que mueven y promueven la complicada maquinaria de la vida que, afortunadamente, nos va tocando vivir.
jueves, 25 de mayo de 2006
Mis inquietos almamundos
foto: astromíaSe queman mis almamundos. Arden en deseos de crecer y expandirse; como un big bang de sentimientos desmenuzados en interminable espacio-tiempo. Como un todo en la nada viajo en mil pedazos, de adentro a fuera, a toda velocidad.
Voy más allá del universo paralelo conocido, atravesando otros almamundos, cruzando océanos de fuego y partículas sólidas. Otras, de gaseosas y luminiscentes formas, puedo desgarrarlas en este vuelo desenfrenado. Y en mi deseo inocuo de intercambiar energías… las hago mías cual nebulosa hambrienta.
Jamás me retraigo, ni siquiera miro atrás en mi afán de expansión. Trozos de mí quedan pegados a otros almamundos en el intento de continuar mi vuelo y pierdo fuerza; luz, ímpetu. Y así, como fundidos, mis retales se aferran a otros “yo” que también surcan este paisaje despedazados. Y repartidos casi en infinitos micro-estelares cuerpos... colisionamos una y otra vez, como primitivas galaxias recién nacidas; para volver a explotar algún día como brillantes y pletóricas supernovas.
Voy más allá del universo paralelo conocido, atravesando otros almamundos, cruzando océanos de fuego y partículas sólidas. Otras, de gaseosas y luminiscentes formas, puedo desgarrarlas en este vuelo desenfrenado. Y en mi deseo inocuo de intercambiar energías… las hago mías cual nebulosa hambrienta.
Jamás me retraigo, ni siquiera miro atrás en mi afán de expansión. Trozos de mí quedan pegados a otros almamundos en el intento de continuar mi vuelo y pierdo fuerza; luz, ímpetu. Y así, como fundidos, mis retales se aferran a otros “yo” que también surcan este paisaje despedazados. Y repartidos casi en infinitos micro-estelares cuerpos... colisionamos una y otra vez, como primitivas galaxias recién nacidas; para volver a explotar algún día como brillantes y pletóricas supernovas.
miércoles, 3 de mayo de 2006
nuestra pacífica lucha compartida
Hoy volví a saber de ti. Hoy quisiera volver a verte. Quisiera darte un gran abrazo y charlar durante horas de nada y de todo. Cantarme algo contigo, al unísono, a dos voces, aunque fuera en disonante discordia armónica… y reírnos de la vida. Dar una tregua a nuestras labores de mortales soñadoras para inmortalizar nuestros sueños a golpe de poema cantado y extraños acordes casi inventados; de esos tuyos, de esos míos. Hoy volaría a tu encuentro sin pensármelo y compartiría mis alas contigo, si hiciera falta.
P.D.: tu lucha es la mía, la mía tuya... como bien dices.
P.D.: tu lucha es la mía, la mía tuya... como bien dices.
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